Coge el móvil de quien atiende el mostrador, busca tu negocio en Maps y entra en la web. Mira solo lo que se ve sin deslizar el dedo. Ahí arriba, casi seguro, hay dos botones del mismo tamaño y del mismo color: «Pedir cita» y «Escríbenos por WhatsApp». O «Pedir presupuesto» y «Ven a tomar un café», uno al lado del otro, esperando a que alguien elija.
Pasa en talleres y en ópticas, y en cualquier negocio que lleva años atendiendo bien y que un día puso la web al día. El segundo botón no se puso un martes para liar a nadie: se puso para dar opciones. Y dar opciones justo ahí, en lo que se ve sin bajar el dedo, es lo que se come la cita.
Quien llega desde Maps ya ha decidido
La persona que entra en tu web desde el mapa no viene a conocerte. Viene de mirar las fotos, las reseñas y la distancia, y por dentro ya ha dicho que sí. Lo que busca en tu portada es cómo se hace el siguiente paso. Si no lo ve en tres segundos, vuelve al mapa, que tiene otros cuatro nombres igual de cerca.
Esa persona no está comparando si le conviene más escribir o llamar. Está de pie en la calle, o en el sofá a las once de la noche, con el pulgar sobre la pantalla, esperando que le digas qué se pulsa.
Dos iguales se leen como una pregunta
Poner dos parece lo razonable: unos prefieren escribir, otros prefieren pasarse, y que cada uno coja el suyo. El problema es que un botón arriba no se lee como una puerta que abres si quieres. Se lee como lo que hay que hacer ahora, y dos del mismo tamaño y del mismo color no se entienden como dos caminos. Se entienden como una duda.
Ahí es donde se para quien iba a pedir hora, a pensar cuál de los dos le toca. Si escribe por WhatsApp, ¿le contestan hoy o mañana? Si pide cita, ¿se está comprometiendo a algo? En ese hueco cabe cerrar la pestaña, y desde fuera no se ve nada: no hay un mensaje sin contestar ni una llamada perdida. La persona se fue y tú no te enteras.
Y está la versión de tres, más común de lo que parece: cita, WhatsApp y teléfono, los tres en fila y del mismo verde. El restaurante de la Axarquía que además pone al lado la reserva del portal ya va por cuatro.
De dónde salen los dos botones
Casi nunca los eligió nadie de una sentada. La plantilla venía con dos huecos y se rellenaron los dos porque estaban ahí. O el primero lo puso quien montó el sitio y el segundo lo pediste tú, un jueves, después de una semana en la que tres personas se quejaron de que no cogías el teléfono. O uno es de la campaña de la feria del año pasado y sigue puesto.
Cada botón llegó por un motivo razonable, en un mes distinto. Lo que no ha hecho nadie es mirarlos juntos y decidir cuál quieres que se pulse.
Un solo botón arriba
En la primera pantalla va el que de verdad quieres que use la gente: «Pedir cita» si vendes horas, «Pedir presupuesto» si vendes trabajos que hay que valorar antes. Uno solo, grande, visible sin deslizar en un móvil normal.
El WhatsApp no se quita. Baja a una línea de texto debajo del botón, por si prefieres escribir. El teléfono se queda en la cabecera y en el pie, que quien siempre llama lo va a buscar igual. El café, si lo ofreces, está en la página de contacto, no compitiendo con la cita arriba del todo.
El cambio es dejar de tratar todas las maneras de contactar como si valieran lo mismo en el mismo sitio. Valen, pero no a la vez y no con el mismo peso.
La prueba cabe en un descanso
Hazla con un móvil que no sea el tuyo, mejor el de quien está en el mostrador. Abre la portada y no deslices. Mira lo que se ve y pregúntate cuál es el botón principal. Si tienes que pensarlo tú, que conoces el negocio, la persona que llegó desde Maps también lo piensa.
Después púlsalo. Tiene que llevar a una página donde se elija servicio, día y franja, con las horas libres a la vista. Si lleva a un formulario que dice «indique horario preferido», o a un número que suena en el despacho de arriba, el botón está bien puesto y el agujero sigue igual de abierto. Un botón claro que no recoge nada es la misma fuga con mejor letra.
El WhatsApp se queda
No hace falta rediseñar la web, ni cambiar los colores, ni volver a hacer las fotos. El chat sigue siendo donde se dicen las cosas rápidas. El problema es más pequeño y más terco: en la primera pantalla hay dos cosas pidiendo el mismo clic, y quien ya venía decidido se queda quieto entre las dos. Lo que hay que dejar es un botón arriba, el resto debajo, y detrás de ese botón una página que recoja la hora.
Presencia (3.450 €) deja la ficha, la web y la puerta contando la misma historia, con un solo botón claro arriba. Reservas (5.450 €) pone detrás de ese botón una agenda de verdad, en tu dominio. Operador (7.950 €) es el tamaño de arriba, cuando ya hay un flujo de mensajes que alguien tiene que contestar. Care (149 €/mes) es quien vuelve a bajar el botón que se subió para la feria de septiembre y nadie retiró; va dentro del trabajo, no es un extra que se quita para ahorrar.
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Preguntas frecuentes
¿Y si mis clientes prefieren el WhatsApp?
Muchos lo prefieren, y sigue estando. Lo que cambia es el peso: el WhatsApp baja a una línea normal debajo del botón, «si prefieres escribir, aquí estamos». Deja de competir por el mismo clic y se queda de respaldo, que es lo que hace bien.
¿No pierdo llamadas si quito el teléfono de la primera pantalla?
El número no se quita: se deja en la cabecera y en el pie, que es donde lo busca quien siempre llama. Quien no pensaba llamar no necesita verlo del tamaño de un botón.
¿Pongo «Pedir cita» o «Pedir presupuesto»?
Depende de lo que vendas. Si lo que vendes son horas de agenda, cita. Si son trabajos que hay que valorar antes de darles precio, presupuesto. Uno de los dos, no los dos.
